Hay libros que uno lee como quien se adentra en una ciudad desconocida, dejándose guiar por sus calles, sin mapa y con la intuición como única brújula. Las nieblas de Praga (Dolmen, 2025) de Víctor Conde es eso: un recorrido por una urbe real y mítica a la vez, envuelta en un velo de historia, superstición y misterio. Y lo más fascinante es que, en este viaje, uno no solo camina por Praga, sino también por las páginas de Kafka y por los pasadizos de la leyenda judía del Golem.
Una Praga de principios del siglo XX
La novela nos traslada a la Praga de principios del siglo XX, una ciudad que aún guarda el encanto decadente del Imperio austrohúngaro, antes de que las grandes guerras y las convulsiones políticas del siglo la transformaran para siempre. Sus calles adoquinadas, el barrio judío, las sinagogas antiguas y las sombras alargadas de sus edificios se convierten en escenario y personaje a la vez. La niebla lo cubre todo: no solo difumina los contornos, sino también las certezas.
El funcionario K y el misterio del Golem
El protagonista es un funcionario llamado K, y no es casualidad. El guiño a Kafka es evidente y se mantiene a lo largo de toda la narración. Este K se ve envuelto en una investigación que lo lleva a toparse con la cábala, manuscritos prohibidos y un nombre que resuena en susurros: el Golem. Lo que comienza como una intriga con tintes burocráticos va derivando en una búsqueda casi metafísica, donde lo racional se diluye en lo sobrenatural.
El Golem, criatura de barro y aliento místico, no es aquí una simple amenaza monstruosa. Es una presencia que encarna preguntas incómodas: ¿qué ocurre cuando el hombre pretende emular a Dios? ¿Qué responsabilidad tiene el creador sobre su creación? Conde retoma el mito con respeto y frescura, sin renunciar al terror, pero dotándolo de una dimensión simbólica y ética.
Leyendas, historia y homenaje literario
Uno de los grandes méritos de esta obra es la forma en que mezcla leyendas urbanas e historia real para construir una trama coherente y sugerente. La Praga judía, con su tradición cabalística, las historias transmitidas en susurros, y la memoria de un pasado cargado de fe y miedo, se entrelazan con un relato de intriga sobrenatural.
Como lectora, he disfrutado mucho de esos guiños a Kafka: el nombre del protagonista, la sensación de estar atrapado en un engranaje invisible, el peso del absurdo y de lo inexplicable. Todo ello convive con la recreación del Golem, que Conde rescata de la leyenda para traerlo a un contexto literario y terrorífico sin caer en el cliché.
Un terror que respira lentitud
No es una novela de sustos rápidos ni de persecuciones trepidantes. Su fuerza está en la atmósfera, en el tono pausado que permite al lector sumergirse en las capas de niebla y en los recovecos de la ciudad. El terror aquí es más sugerente que explícito; más psicológico que físico. Y eso la hace especial, porque logra inquietar a través de la insinuación, no de la sobreexposición.
Mi valoración personal
Me ha parecido una novela estupenda. No solo por su capacidad de atrapar con una trama que combina misterio, leyenda y simbolismo, sino por el cuidado en el estilo y la ambientación. Se nota el respeto de Víctor Conde por el material cultural con el que trabaja: cada calle, cada sombra y cada susurro parecen documentados y vividos. La novela es un homenaje evidente a Kafka, pero también una recreación eficaz y original del monstruo legendario.
Es un libro que recomendaría a quienes disfrutan del terror con trasfondo histórico y cultural, de las ciudades convertidas en personajes, y de las narraciones donde el tiempo se dilata para dar espacio a la atmósfera.
En definitiva, Las nieblas de Praga no es solo una historia de terror: es un paseo literario por la memoria, la fe y el misterio de una ciudad que parece hecha para perderse… y para no volver del todo.
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