Cuando pensamos en mujeres escritoras del siglo XIX, los nombres que suelen venirnos a la mente son Jane Austen, Charlotte y Emily Brontë o, quizá, Elizabeth Gaskell. Todas ellas merecen sin duda su lugar en el canon, pero ese mismo canon ha tendido a dejar en la sombra a otras autoras igualmente talentosas, innovadoras y populares en su tiempo. Este artículo quiere rendir homenaje a algunas de estas escritoras olvidadas o infravaloradas, que ofrecieron visiones propias sobre la sociedad, el deseo, la maternidad, la política o el papel de la mujer, y que hoy resultan imprescindibles para comprender la literatura del siglo XIX en toda su riqueza.


Mary Elizabeth Braddon: la reina del sensation novel

Si Wilkie Collins fue uno de los padres de la novela de misterio y suspense, Mary Elizabeth Braddon (1835–1915) fue su digna competidora. Su obra más conocida, Lady Audley’s Secret (1862), fue un auténtico fenómeno de ventas y escándalo en su tiempo, gracias a una heroína ambigua, posible criminal, que rompía con la imagen tradicional de la mujer como ángel del hogar. Braddon dominaba como pocas la tensión narrativa, el retrato psicológico y la crítica social soterrada.

Pese a haber escrito más de 80 novelas, fue relegada durante décadas al cajón de “literatura popular”. Hoy es objeto de un renovado interés académico y feminista, que la sitúa como precursora de muchas figuras femeninas complejas en la ficción contemporánea.

George Sand: la escritora con pantalones

Bajo el seudónimo masculino de George Sand se escondía Amandine Aurore Lucile Dupin (1804–1876), una de las figuras literarias más influyentes de la Francia del siglo XIX. Escritora prolífica, comprometida políticamente y polémica por su estilo de vida —fumaba en público, vestía como un hombre y mantuvo una relación con Chopin—, Sand fue admirada por autores como Flaubert o Balzac.

Sus novelas, como La Mare au Diable (1846) o Consuelo (1842–43), exploran el mundo rural, la educación sentimental y las desigualdades sociales. Su obra es un puente entre el romanticismo y el realismo, y su legado va mucho más allá del personaje mediático que la historia ha caricaturizado.

Rosalía de Castro: la voz íntima de Galicia

Rosalía de Castro (1837–1885) es una de las grandes poetas del siglo XIX, pero durante mucho tiempo fue vista sólo como una figura local o costumbrista. Su escritura, sin embargo, desborda cualquier etiqueta regional. Cantares gallegos (1863) marcó el renacimiento de la literatura en gallego, pero es En las orillas del Sar (1884), escrito en castellano, donde su tono existencial, desgarrado y moderno alcanza una intensidad pocas veces vista en su época.

Rosalía escribió también novela —La hija del mar (1859), El caballero de las botas azules (1867)—, en las que se aprecia su crítica a la hipocresía social, la melancolía vital y la situación de la mujer. Su obra poética, introspectiva y lírica, anticipa temas del simbolismo y el modernismo.

Cecilia Böhl de Faber (Fernán Caballero): entre la tradición y la modernidad

Firmaba como Fernán Caballero, pero su nombre real era Cecilia Böhl de Faber (1796–1877), escritora nacida en Suiza y criada en Cádiz, que dio forma a una de las primeras novelas costumbristas de la literatura española: La Gaviota (1849). A través de su estilo sobrio y observador, Cecilia retrató la vida rural andaluza y las tensiones entre el mundo tradicional y los cambios sociales del siglo XIX.

Aunque su ideología conservadora ha hecho que muchas veces se la desestime, lo cierto es que fue una pionera en profesionalizar la escritura femenina en España y una precursora del realismo. Su mirada aguda y su capacidad para crear personajes femeninos complejos siguen siendo dignas de lectura y revisión crítica.

¿Por qué olvidamos a estas autoras?

Las razones del olvido son múltiples. Muchas de estas escritoras escribieron en géneros “menores” —como la novela de folletín, el costumbrismo o la literatura sentimental— despreciados por el canon académico. Otras adoptaron estilos que no encajaban con las corrientes dominantes. Y no pocas fueron silenciadas por su condición de mujeres en un sistema editorial y crítico dominado por hombres. Algunas, como Sand o Braddon, fueron best sellers que luego se consideraron poco “serios”. Otras, como Rosalía o Cecilia Böhl, fueron leídas bajo lentes regionalistas o ideológicas que distorsionaron su verdadero valor literario.

Hoy, sin embargo, asistimos a un redescubrimiento de estas voces. Las reediciones, los estudios feministas y el interés por ampliar el canon están devolviendo a muchas autoras el lugar que les corresponde. Leerlas no solo es un acto de justicia histórica, sino una fuente de placer, conocimiento y complejidad narrativa.

Hacia un canon más amplio y diverso

Revisar la historia literaria no significa borrar a las autoras consagradas, sino sumar nuevas perspectivas. Ampliar el foco más allá de Austen o las Brontë es abrirnos a una literatura rica, sorprendente y muchas veces más atrevida de lo que imaginamos.

Mary Elizabeth Braddon, George Sand, Rosalía de Castro o Fernán Caballero no fueron figuras marginales en su tiempo. Lo fueron después, por decisión crítica, por prejuicios de género o por el sesgo de la memoria cultural. Hoy tenemos la oportunidad de leerlas con otros ojos, de recuperar sus historias, sus personajes y su valentía narrativa. Porque la literatura del siglo XIX fue también femenina, diversa y mucho más compleja de lo que nos contaron.


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