Hoy, 4 de junio, recordamos el fallecimiento de Giacomo Casanova, ocurrido en 1798 en el castillo de Dux, en Bohemia. Allí pasó sus últimos años como bibliotecario, lejos del bullicio de su natal Venecia, pero con el mismo apetito por comprender el mundo y narrarlo. Tenía 73 años y dejaba escrita una de las autobiografías más notables de la historia literaria.


Casanova es, para muchos, sinónimo de seducción, pero esa fama apenas roza la superficie. Fue un espíritu del siglo de las luces: escéptico, libre, curioso y devoto de la palabra escrita. Viajero incansable, se cruzó con Voltaire, Rousseau, Catalina la Grande, el Papa Clemente XIII y hasta con Mozart. Conoció cárceles y palacios, burdeles y bibliotecas, salones ilustrados y tabernas oscuras. Y lo escribió todo.

Su obra capital, la Historia de mi vida (Histoire de ma vie), es mucho más que un relato de conquistas: es un fresco de la Europa del XVIII, narrado con la minuciosidad del cronista y el ingenio del novelista. En sus páginas se mezcla el placer con la reflexión, el detalle íntimo con la observación política, el humor con la melancolía:

«Siento que no podría vivir si no contara mi vida».

Publicado póstumamente, su texto fue durante años censurado y ocultado por su audacia. Hoy se lee como lo que es: una joya literaria, comparable a las memorias de Cellini o Saint-Simon, y precursora del yo moderno en la literatura.

Pero Casanova no se limitó a narrarse: escribió la novela utópica Icosameron, sobre una civilización subterránea perfecta; tradujo la Ilíada; compuso ensayos sobre religión, física, economía y diplomacia. Tocó todos los géneros con un estilo tan culto como vitalista.

«No se nace hombre más que después de haber sufrido», dejó escrito, con el temple de quien conoció el poder, la pobreza y el pensamiento.

Para él, la literatura fue más que una vocación: fue su forma de afirmarse contra el olvido, de transformar la vida en materia estética. Su mirada es libre, sensual, irónica, muchas veces conmovedora. Casanova no escribió sólo para contar lo que hizo, sino para entender quién fue.

«No me arrepiento de nada. Todo lo que he hecho ha sido fruto de mi carácter. Si hubiese actuado de otro modo, habría sido otro hombre».

Para quienes deseen sumergirse en su obra, recomiendo la edición completa y rigurosamente anotada de la Editorial Atalanta, titulada Historia de mi vida, en traducción de Mauro Armiño. Una edición monumental en varios tomos, fiel al original francés, que recupera el brillo, la inteligencia y la libertad con que Casanova se narró a sí mismo.


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