¿Qué ocurre cuando una mujer mata para defender a otra? ¿Y si el agresor es un policía?
Pedro Arjona adapta con trazo feroz y espíritu crítico la novela Desgracias personales de Carlos Pérez Merinero en una obra que sacude al lector desde lo gráfico y lo moral. Soy una asesina no se lee: se atraviesa con el pulso acelerado.
Siempre lo digo: asistir a eventos literarios te permite descubrir obras que, de otro modo, podrían pasar desapercibidas. Eso fue exactamente lo que me ocurrió en Mayo Negro. En una de las mesas, el autor Pedro Arjona presentó su novela gráfica Soy una asesina y habló en detalle tanto del argumento como del proceso técnico de dibujo y diseño que llevó a cabo.


Me llamó especialmente la atención su reflexión sobre el tratamiento de la luz, inspirado en la iluminación característica del cine negro, con referencias explícitas a las películas de Douglas Sirk. Esa intención de crear atmósferas densas y dramáticas a través del claroscuro está presente en cada página del libro y resulta clave para entender su fuerza expresiva.
Además, la obra cuenta con un prólogo de Marta Sanz, que sitúa y enriquece la lectura con su mirada aguda y literaria.
Tras leerla, puedo confirmarlo sin dudar: Soy una asesina es una gran novela gráfica, potente en su forma y profunda en su fondo.
Un estilo gráfico que duele (y funciona)
Lejos de cualquier idealización estética, el dibujo en blanco y negro de Arjona es expresionista, roto, sucio. Las sombras parecen manchas de culpa, los rostros reflejan más angustia que identidad, y el espacio entre viñetas se convierte en un silencio incómodo que también narra.
Cada página transmite un estado emocional: vértigo, rabia, impotencia. La protagonista no tiene nombre, pero sí una voz poderosa que se incrusta en el lector. La composición fragmentada y los contrastes extremos refuerzan la sensación de pérdida de control y desintegración personal.
Crítica social sin moralina
Más allá del crimen, Soy una asesina lanza preguntas incómodas: ¿quién tiene derecho a defenderse? ¿Qué sucede cuando una mujer toma la justicia por su mano? ¿Puede una víctima transformarse en verdugo y seguir siendo víctima?
Aunque sin proclamas, la obra tiene un trasfondo feminista claro. Muestra la estructura social que empuja a ciertas personas —especialmente mujeres— a los márgenes, a la violencia, al silencio. Y lo hace desde la experiencia interior, sin panfletos ni moralinas. El miedo, la culpa y la desesperación son más elocuentes que cualquier discurso.
Una obra que incomoda… y por eso importa
No es una lectura fácil. Ni rápida. Pero Soy una asesina se suma a ese cómic literario que no busca entretener sino perturbar, abrir grietas, provocar reflexión. El prólogo de Marta Sanz lo contextualiza con agudeza, y el resultado es un volumen compacto, denso, que se queda dando vueltas en la cabeza.
Si buscas una historia lineal, clara y cerrada, este no es tu libro. Pero si te interesa el cómic como forma artística profunda y comprometida, esta obra de Arjona merece estar en tu biblioteca.
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