Un día como hoy, el 16 de mayo de 1906, nació en Caracas una de las figuras más emblemáticas de la literatura, el pensamiento y la política de Venezuela y América Latina: Arturo Uslar Pietri. Escritor prolífico, ensayista visionario, narrador exquisito y figura pública influyente, su legado trasciende géneros y disciplinas. Recordarlo es abrir una puerta a la historia cultural del siglo XX latinoamericano.
Un hombre de múltiples dimensiones
Uslar Pietri fue mucho más que un escritor. Fue ministro, educador, diplomático, periodista, candidato presidencial, académico, y, sobre todo, un intelectual comprometido con el destino de su país. Su vida estuvo marcada por la convicción de que las ideas podían cambiar el rumbo de la historia y que el lenguaje era una herramienta de transformación social.
Graduado en Derecho en la Universidad Central de Venezuela, participó en la vida política desde joven. A los 23 años ya estaba colaborando con el gobierno de Eleazar López Contreras, y con el tiempo ocuparía cargos clave en la política y en la cultura, incluyendo el Ministerio de Educación y el de Hacienda, así como la dirección del influyente diario El Nacional.
Sembrar el petróleo
Uno de sus aportes más citados —y vigentes— fue la expresión «sembrar el petróleo», acuñada en 1936. Con esa fórmula, Uslar advertía que los beneficios del boom petrolero debían invertirse en educación, tecnología y desarrollo agrícola e industrial para evitar una economía dependiente y vulnerable. Hoy, su llamado resuena como una advertencia premonitoria ante las crisis vividas en Venezuela.
Obra narrativa destacada
Arturo Uslar Pietri es considerado uno de los precursores del «realismo mágico», aunque él prefería hablar de una literatura «real maravillosa». Su obra narrativa tiene un claro interés por la historia, la identidad latinoamericana, la crítica al poder y la reflexión moral.
Las lanzas coloradas (1931).- Ambientada en la Guerra de Independencia, ofrece una visión desmitificadora y profunda del conflicto. Es su novela más conocida y una de las más importantes de la narrativa venezolana del siglo XX.
El camino de El Dorado (1947).- Retrata la expedición de Lope de Aguirre, explorando los delirios del poder, el mito y la ambición en la conquista de América.
Oficina Nº 1 (1961).- Centrada en la Venezuela petrolera, muestra el impacto social y moral del boom del petróleo en una ciudad ficticia. Es una obra clave sobre la modernización forzada del país.
Estación de máscaras (1964).- Una novela existencialista y filosófica sobre la identidad y las múltiples “máscaras” que usamos para sobrevivir en sociedad.
La isla de Robinson (1981).- Una reinterpretación de Robinson Crusoe desde una perspectiva latinoamericana, cargada de simbolismo sobre la soledad, la civilización y la barbarie.
La visita en el tiempo (1990).- Un ambicioso proyecto de memoria y tiempo, donde el protagonista se encuentra con personajes históricos y reflexiona sobre el devenir de Venezuela.
Ensayos y pensamiento crítico
Además de su obra de ficción, Uslar Pietri fue un prolífico ensayista. Sus textos abordan la historia, la política, la literatura y el destino de América Latina.
- Letras y hombres de Venezuela (1948)
- De una a otra Venezuela (1962)
- El globo de colores (1971)
- Golpe y Estado en Venezuela (1973)
- La palabra compartida (1997)
En sus ensayos se vislumbra su fe en la cultura como única herramienta para el desarrollo sostenible de los pueblos.
Citas célebres de Uslar Pietri
Arturo Uslar Pietri fue también un maestro de la oratoria. Aquí algunas frases memorables que resumen su pensamiento:
Sembrar el petróleo es educar al pueblo, diversificar la economía y crear futuro.
Un país sin educación es un país sin mañana.
La literatura no debe ser un adorno de salón, sino un acto de conciencia.
En América Latina no nos falta historia, nos falta memoria.
El hombre se salva en la cultura o no se salva.
Legado y vigencia
Arturo Uslar Pietri falleció en 2001, a los 94 años, dejando una obra vasta, diversa y aún poco explorada en su totalidad. Su figura representa una época en que los intelectuales tenían un papel activo en la vida nacional, en el debate de ideas y en la defensa del pensamiento frente a la mediocridad o la violencia.
Fue miembro de la Real Academia Española, Doctor Honoris Causa por varias universidades y Premio Príncipe de Asturias de las Letras en 1990. Su vida entera fue una batalla por la palabra, por la justicia y por el pensamiento crítico.
Recordarlo hoy no es solo un homenaje a su memoria, sino una invitación a releerlo y a recuperar su fe en la educación, la palabra y la cultura como motores de cambio. En tiempos convulsos, su legado sigue iluminando los caminos de América Latina.
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