Magalí Etchebarne nos entrega en La vida por delante un conjunto de relatos que, con una aparente sencillez, nos sumerge en un universo complejo de emociones humanas. Ganadora del VIII Premio Ribera de Duero de Narrativa Breve y publicada por Páginas de Espuma, esta colección de cuatro cuentos revela una mirada afilada y perspicaz sobre la vida, el amor y la inevitabilidad del paso del tiempo, todo con un humor sutil que amortigua el desgarro de sus historias.


Es un libro de cuatro relatos impecables que tienen el acierto de plantear realidades que suelen ser protagonizadas por mujeres y yo como lectora me he visto en un espejo en esas situaciones y vacíos que padecemos. Una autora con un premio muy merecido de la que deseo leer más.

La estructura de la obra alterna entre narraciones en primera y tercera persona, logrando un juego de distancias que potencia la inmersión en los personajes y sus relaciones. El diseño de la narración se basa en parejas o binomios, con interacciones que oscilan entre la ternura y el desencuentro. Etchebarne se muestra maestra en el diálogo, un recurso que adquiere una fuerza casi teatral, transmitiendo con economía de palabras lo más hondo de los conflictos humanos.

Las protagonistas son, en su mayoría, mujeres atrapadas en el dolor, la ausencia y el inexorable desgaste del tiempo. Desde el primer cuento, «Piedras que usan las mujeres», se traza una línea que parte de lo colectivo y lo familiar hasta llegar a lo individual, con Ana, la protagonista del último relato, «Casi siempre desesperados». De este modo, los personajes femeninos transitan desde la masa social hasta la soledad más pura, mientras que los hombres emergen poco a poco desde las sombras hasta encarnar su máxima expresión en Ramiro, quien, en cierto sentido, podría sintetizar a todos los varones que lo precedieron.

Los relatos abordan la vejez, la enfermedad, la infidelidad y la pérdida con una escritura que se aleja tanto de lo lírico como de lo sobreexplicado. Etchebarne es ágil y precisa, con una prosa que destaca por su equilibrio entre la contención emocional y la capacidad de impactar en el lector. Su talento se manifiesta en la naturalidad con la que introduce el humor, un recurso que se desliza con inteligencia en medio de los conflictos más ásperos, sin restarles peso ni dramatismo.

El título de la colección no es casual: La vida por delante sugiere una mirada desafiante hacia el futuro, reafirmando que nunca es tarde para el cambio, para la ruptura o para reescribir la propia historia. A lo largo de los cuentos, las protagonistas encuentran en otras mujeres un refugio, un espacio de complicidad y resistencia ante el dolor y la soledad. Este vínculo femenino, cargado de matices y contradicciones, es uno de los aspectos más potentes del libro.

En definitiva, La vida por delante es una obra que brilla por su profundidad disfrazada de ligereza, su humor afilado y su retrato sensible de las relaciones humanas. Etchebarne construye personajes inolvidables, que se debaten entre el deseo, el desencanto y la búsqueda de sentido, con una escritura que confirma su lugar entre las voces más interesantes de la narrativa contemporánea.


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